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Acercamiento descriptivo a la historia de Franz Biberkopf en Berlin Alexanderplatz, de Rainer Werner Fassbinder

Acercamiento descriptivo a la historia de Franz Biberkopf en Berlin Alexanderplatz, de Rainer Werner Fassbinder

Resulta complejo intentar especular acerca de lo que pudo significar para  Rainer Werner Fassbinder, Berlin Alexanderplatz (1979/80); sin embargo, puede uno aventurarse a reflexionar sobre la serie en su totalidad, y cómo el sueño que siempre tuvo Fassbinder de hacer una adaptación a la novela de Alfred Döblin, y la  necesidad de hurgar la historia no contada de Alemania durante el periodo de entreguerras, generaron descontento en un público alemán que trató de resaltar defectos técnicos en oposición a una obra que mostró sin tapujos a esa sociedad y ese momento histórico que precedieron al nazismo.

Berlin Alexanderplatz fue filmada entre agosto de 1979 y abril de 1980, tiempo en el cual Fassbinder se entregó por completo a un proyecto ambicioso, y a la vez muy costoso, que requería de un gran esfuerzo artístico para ambientar y dar vida a la Berlín de finales de los años veinte.  Filmada en su totalidad en 16 mm, fue una serie pensada para televisión, que se hizo con los esquemas de las grandes producciones.

En su mayoría se rodó en los estudios Bavaria, en Geiselgasteig, haciendo uso de los mismos decorados con que Ingmar Bergman reconstruyó las calles de la Berlín de la segunda década del siglo XX para su filme El Huevo de la serpiente (Das Schlangenei, 1977). La serie dura quince horas, segmentadas en 14 partes, la mayoría de 59 minutos, con excepción del capitulo 1, que dura 81 minutos, y el epílogo, de 111. 

Franz Biberkopf

Berlin Alexanderplatz cuenta la historia de Franz Biberkopf, un hombre que sale de la cárcel en 1927, luego de haber cumplido una condena de cuatro años por el asesinato de Ida, su mujer; y cómo tratará de sobrevivir en esa Berlín de los años veinte. Desde la introducción, el director presenta como subtexto la crisis económica que vivió Alemania en el periodo de entreguerras, mostrando cómo los empleos informales, la prostitución y los ilícitos eran la fuente de ingresos de muchos ciudadanos que tenían que rebuscarse de cualquier forma su sustento.

La presentación del personaje nos muestra a un Biberkopf contradictorio y amedrentado, un hombre que sale de la cárcel en la zozobra de no saber qué va a hacer con su vida; marcado por haber asesinado a Ida, va sin rumbo por las calles de Berlín, haciéndose a la idea de que ya es un hombre libre. Durante toda la serie, vemos de qué manera la muerte de Ida marca la vida de Biberkopf. Es el punto de partida para conocer su pasado y el trauma que le generó el haber estado 4 años en la cárcel de Tegel. Desde el arranque, pareciera como si el personaje quisiera resarcir el daño que le hizo a su amante, con la promesa de convertirse en un hombre honesto.

En un primer momento, somos testigos de los delirios de Franz, ocasionados por el trauma que le dejan esos cuatro años en la cárcel, para después verlo abusar de Minna –la hermana de Ida– queriendo tal vez exorcizar la ausencia de ésta, violentando a su hermana. Es un acto que choca con la inicial percepción de fragilidad que uno puede hacerse del personaje, pero que a la vez nos introduce en ese ser lleno de incongruencias y de actos muchas veces injustificables e incomprensibles, al que vamos conociendo, pero sin terminar de entender.

Franz Biberkopf tiene el don de gustarle a las mujeres, lo cual no resulta muy lógico, ya que no necesita hacer ningún esfuerzo para tener a su disposición a cualquier mujer. En la historia, ellas van apareciendo y desapareciendo, y sólo Eva, una mujer que hizo parte de su pasado, y que en toda la serie será su protectora, amiga y amante incondicional, se presentará de manera persistente, mientras que la historia de Biberkopf se va desarrollando casi paralelamente a lo que vive con sus amantes.

Un juramento dificíl

La primera historia de amor la vive con Lina (Elisabeth Trissenaar), una polaca que le presenta Meck –en ese momento, su mejor amigo– en el bar de Max: (…) “se las arregla como todo el mundo, trata de sobrevivir. Es la época en que vivimos”. Franz se la lleva a vivir a la pensión de la Sra Bast. Ya desde la primera parte, titulada “Empieza el Castigo”, vemos a un Biberkopf empeñado en salir adelante con el aliciente del amor. Es un momento crucial en su vida, porque le jura a Lina que va a ser honesto para siempre. En este capítulo, además de introducirnos en la historia del personaje e informarnos sobre su pasado, Fassbinder parece anticipar lo que conllevará ese juramento.

De ahí en adelante, veremos la lucha de Biberkopf por hacerle el quite a los numerosos obstáculos que se le irán presentado para poder sobrevivir honestamente en una ciudad en la que hay una enorme crisis económica y laboral, y las oportunidades para subsistir son pocas, ya que están más del lado de la delincuencia, aquel al que Franz no quiere pasar.

Franz trata de sobrevivir con trabajos que no le generan muchos ingresos y en su mayoría sólo le traen problemas; es así como pasa de vendedor ambulante a voceador del periódico oficial del partido Nacional Socialista Völkischer Beobachter; hecho que termina en disputa  con opositores a éste partido, que ven en Biberkopf un enemigo de la lucha comunista (aunque Fassbinder no tiene la intención de ahondar en los problemas políticos entre partidos, sí da muestras de ese momento que antecedió a la llegada del nazismo al poder).

En la tercera parte, “Un martillazo en la cabeza puede dañar el alma”; hay un cambio determinante con la separación entre Biberkopf y Lina, y con la manera en que el personaje asume el abuso de Lüders, un socio de ventas, con una cliente, como si hubiera sido su propio error.

Aunque no entendemos por qué Franz de manera abrupta abandona a Lina, ya que la narración deja muchas acciones por fuera de campo, el espectador supone que fue a causa de la traición de Lüders a Biberkopf, y cómo utilizó un desliz de Franz con la mencionada cliente, para aprovecharse de ella (una viuda solitaria e ingenua). Sin embargo, no resulta entendible que Lina deba pagar por el error de Lüders, sobre todo cuando hemos sido testigos de la  buena relación que ha tenido con Franz, y de su empeño de salir adelante juntos. Y a la vez, tampoco parece lógico que Franz decida abandonarse, y castigarse por algo que no cometió.

Nuevamente, como en la primera parte de la historia, los actos del protagonista se nos hacen inexplicables, o no justificables, pero es esto lo que Fassbinder nos vuelve a recalcar del personaje; y es que Biberkopf no es un hombre predecible, y de ninguna manera esta historia se presta para pensarla desde una lógica racional, o en la que podamos sopesar los actos del personaje de acuerdo con nuestros juicios morales.

Actos impredecibles

En la cuarta parte: Un puñado de personas en la profundidad del silencio,  Fassbinder  se concentra en mostrar cómo vivía la gente en esa Berlín de los años veinte. No obstante, todo pasa alrededor del personaje, el cual está entregado al alcohol y a la soledad; y en sus pocos momentos de lucidez observa de qué manera sus vecinos roban en los locales del vecindario, o cómo la demás gente trata de sobrevivir, haciendo esto o aquello.

Si bien en éste capitulo Biberkopf está buscando liberarse de sus demonios, el tema que es subtexto en la serie (la miseria berlinesa de entreguerras), toma aquí mayor relevancia por la manera en que se muestra la vida del nuevo vecindario a donde Franz ha llegado, y cómo él termina siendo testigo de todo lo que hacen sus vecinos por hacerle el quite a la crisis económica y laboral.

Cuando pasa ese “intermedio” (como podría llamarse a la cuarta parte de Berlin Alexanderplatz),  Biberkopf, ya recuperado de su desengaño con Lüders, vuelve a la pensión de la Sra Bast, lugar que siempre estará marcado por el asesinato de Ida, pero que a la vez es el espacio al que siempre podrá llegar con la certeza de ser bien recibido.

En adelante, la historia se transformará de manera abrupta con la aparición de Reinhold, un hombre sin escrúpulos que busca transgredir cualquier norma para verse favorecido.

Reinhold y Biberkof establecen una amistad, mediada por un extraño intercambio de mujeres. Franz parece gozar con el juego que le facilita Reinhold, y sin embargo,  cuando ya éste le ha “pasado” dos de las novias con quienes Reinhold nunca es capaz de cortar la relación por sí mismo, Franz siente que no debe dejar a la segunda mujer (Cilly), y rechaza el tercer intercambio, dándole otro aire a lo que se pensaba iba a ser un circulo vicioso.  

Como espectadores nos vamos haciendo a la idea de que nunca vamos a poder predecir lo que va a pasarle a Biberkopf, pues aunque por momentos se crean líneas de acciones que van hacia un fin, de un momento a otro, vemos cómo Biberkopf puede cambiar radicalmente de posición, y el rumbo de las cosas toma otras perspectivas.

El juramento roto

En Berlin Alexanderplatz, el director busca reiteradamente mostrar con total desparpajo, cómo la ilegalidad y otras formas de subsistir a la crisis eran el pan de cada día de los ciudadanos. Por esto resulta extraña la manera como en el quinto capitulo (“Un segador con poderes de Dios”) se nos muestra a un Biberkopf ingenuo, que parece desconocer lo que sucede a su alrededor. Resulta del todo inverosímil que Franz se crea el cuento de que la banda de Pums se dedica “a la fruta”, cuando los ha visto en el bar de Max, hablando en tono bajo, mientras que Pums le va indicando a cada uno lo que debe hacer;  y por esto no es convincente que Franz llegue a la casa de Pums con el mensaje de Bruno, y termine aceptando ocupar su puesto, sin imaginar cual será su función. 

Lo que ocurre esa noche en el lugar del robo, es más inaudito, ya que al momento de informarle a Franz que debe vigilar, éste se enfurece con el supuesto engaño, oponiéndose a la orden que, sin embargo, a las malas le hacen cumplir. 

Desde ese momento, ya no hay manera de echarse para atrás, el juramento está roto, así el mismo Franz quiera convencerse de que no participó en el ilícito. Luego viene el malentendido de la persecución, y la reacción de Reinhold al no soportar la tranquilidad de Franz, y cómo en un inesperado ataque de ira, termina arrojando a Biberkopf del carro en movimiento. Aunque suponemos que Biberkopf se salvará del intento de asesinato, es imposible suponer de qué manera Reinhold cambia el destino de Franz, y las repercusiones que traerá ese hecho.

De la compasión a la perplejidad

La segunda transformación notoria de la historia se presenta casi en la mitad de la serie, cuando vemos que ahora el personaje tendrá que asimilar la perdida de su brazo derecho.

En la séptima parte (“Recuerda: Un juramento puede ser amputado”), nos impacta ver a un Franz lisiado; sin embargo, rápidamente Biberkopf se recupera y empieza a demostrar que puede vivir con un solo brazo: es así como decide olvidar completamente su juramento, y termina aceptando la oferta de su nuevo amigo Willy, quien le ofrece vivir de las ganancias de la venta de los objetos robados que éste se encargará de facilitarle.

En este momento de la serie, ya estamos acostumbrados a ver que muchas veces Franz no es consecuente con sus actos; pero a medida que pasa el tiempo, esto va volviéndose más reiterativo. No deja entonces de molestar la manera como se desarrolla todo el asunto entre Biberkopf y Reinhold, ese extraño afecto que Franz parece tenerle, llegando al extremo de  mantener en secreto que él es el culpable de que esté lisiado. No es concebible que Biberkopf quiera proteger a Reinhold, y menos que quiera volver a ser su amigo.

Así, pasamos de un estado de compasión hacia el personaje, a un estado de total perplejidad frente a sus actos, que va generando una extraña sensación de impotencia.

Un ángel

¿En qué piensa ahí sentada y sin hacer nada? Y cuando él le pregunta, ella siempre dice que no está pensando en nada, que no puede estar pensando todo el día.

La vida de Biberkopf se verá nuevamente alterada en el capitulo VIII: “El sol calienta la piel que a veces también se quema”.  Cuando su antigua amiga Eva llega a la pensión de la Sra Bast con una grata sorpresa, y a modo de regalo termina devolviéndole a Biberkopf la alegría de vivir, sorprendiéndolo con Emilie, una joven mujer que ha llegado de un pueblo cerca de Berlín, y que encuentra Eva en una estación.

Biberkopf se había mostrado cauteloso con las mujeres luego de perder el brazo. A partir de su encuentro con Emilie, Franz decide llamar a su nuevo amor: Mieze, y con ella vendrán muchos momentos de felicidad, pero también de tristeza. Esta etapa de amor entre Mieze y Biberkopf se desarrollará en  cuatro capítulos intensos, que servirán de preámbulo para el final de Berlin Alexanderplatz.

La relación entre Mieze y Biberkopf, parece creada como en un cuento de hadas, en el que Mieze se convierte  en su ángel de la felicidad. Pero como la adversidad parece ser una constante en la vida de Biberkopf, esa felicidad inicial empieza a verse empañada cuando Franz tiene que asimilar que su “inocente” Mieze se prostituye  en las calles de Berlín.

El tema de la prostitución en la serie es abordado sin tapujos y como algo habitual en aquellas relaciones, en las que los hombres que se dedican a los negocios ilícitos, aceptan que sus mujeres sean prostitutas. Por eso en la historia siempre se muestra como algo  natural que Eva viva con Herbert y a la vez tenga diferentes amantes; porque aunque se prostituya para conseguir dinero, lo hace para compartirlo con su marido; de ésta manera el oficio se valida con la excusa de que se hace por amor.

De igual modo, Biberkopf termina por aceptar  que su joven mujer se prostituye por amor. Sin embargo, ésta verdad propiciará otros conflictos internos en el personaje, quien de ahora en adelante tendrá que asumir que Mieze –ya desinhibidamente– lleve a su amante a la pensión de la Sra Bast, y además, dejar que ella se ausente con él durante varios días.

“Me giré y vi la injusticia de todo lo que sucedía bajo el sol”

Todas las desgracias que luego sufrirá Biberkopf, serán –de alguna manera–, propiciadas por él. El punto de partida es la reconciliación con Reinhold, producto de ese extraño aprecio que le tiene, hasta llegar a perdonarle que lo dejara lisiado. También ayudará el que Biberkopf termine aceptando negocios con la banda de Pums, y cómo Mieze se empieza a involucrar con Meck, sin sospechar la trampa que éste le tiende con Reinhold.

Así como la perseverancia fue la peor aliada de Biberkopf desde el momento en que hace su juramento de honestidad, la ingenuidad del personaje  sobrepasa los límites de lo que suponemos debe ser su razonamiento. De ésta manera, no se puede entender el por qué Biberkopf expone a Mieze frente a Reinhold, cuando tiene como antecedente su problema con las mujeres, y sabe hasta dónde puede llegar para lograr lo que se propone.

Al final, sorprende que Meck termine traicionando a Biberkopf, y cree esa nefasta coartada con Reinhold para que se  aproveche de Mieze. Lo que sigue después, son momentos desesperantes en los que sólo el espectador conoce que Mieze está muerta, mientras que vemos a Biberkopf sufriendo porque supone que su Mieze lo ha abandonado.

“hay un segador cuyo nombre es muerte. Debo llorar y gemir en las montañas y lamentarme en el desierto entre los rebaños pues están tan diezmados que nadie se aventura hasta aquí. Tanto los pájaros del cielo como las bestias, todos se han ido”.

De la muerte de un niño y el nacimiento de alguien útil

El epilogo de Berlin Alexanderplatz se centra en mostrar el delirio que le produce a Biberkopf su sufrimiento por la muerte de Mieze. En este último capitulo, Fassbinder se libera de la adaptación literaria y goza creando todos esos mundos imaginarios del desorden mental de Biberkopf.

El  director magistralmente nos hunde en las alucinaciones del personaje, las cuales nos transportan a momentos de su vida pasada, en las que coexisten personajes vivos y muertos. Así pues, Fassbinder termina embelesándose con cada puesta en escena, creando pasajes de un teatro delirante, en el que a su vez, va generando una sensación de hastío frente a ese sufrimiento del personaje.

Sin embargo, el director deja una parte del epílogo, para darle al público un final más convencional, en el que Reinhold es condenado a diez años de prisión por el asesinato de Mieze.

La historia de Biberkopf acaba con un intertítulo que termina contando en breves líneas, cómo luego del juicio, él encuentra un empleo en una fábrica, y desde ese momento no hay nada más que contar de  su vida. Irónicamente, el final le devuelve a Biberkopf el cumplimiento de su juramento por el que luchó y por el que terminó lisiado.

«Todos  los comienzos son difíciles, querida patria. Descansa tranquila, tengo los ojos abiertos y no me engañarán«

El equipo 

Siempre fue usual que Fassbinder trabajara con los actores de sus anteriores largometrajes; por esta razón no sorprende su elección por el actor de teatro  Günter Lamprecht para el protagónico de Berlin Alexanderplatz,  luego de que éste hubiera trabajado en los filmes: El mundo en el alambre (Welt am Draht, 1973), Martha (1973), y en El matrimonio de María Braun.

Aunque para el actor fue una sorpresa que el director le entregara la responsabilidad de interpretar al Biberkopf de la novela de Döblin, resulta evidente que logró corresponder a cabalidad ese compromiso, ya que Lamprecht consigue hacer ejemplarmente una interpretación visceral, de un personaje que lo exigía.

En la serie, el actor hace que uno se enganche con el personaje, y sienta la necesidad de ver qué más le va a ocurrir a Biberkopf, ya sea para odiarlo o compadecerlo, ya que por momentos resultan insoportables sus contradicciones e ingenuidades; pero a medida que pasa el tiempo vamos aceptando que esto hace parte de la naturaleza de Biberkopf, y al final, las extravagancias de la historia parecen justificables.

De otro lado, era imaginable que eligiera a Hanna Schygulla para que interpretara a Eva, quien lo había acompañado desde 1969. Hanna terminó siendo la actriz fetiche de Fassbinder, hasta lograr la hazaña de trabajar en veinte de sus largometrajes, con tan sólo un receso (provocado por el director) entre 1974 y 1978.

A la larga lista de colaboradores frecuentes se sumaron Gottfried John (Reinhold), y Briggite Mira (Sra. Bast), ésta última, recordada especialmente por su impecable trabajo en Miedo devorar alma (también conocida como Todos nos llamamos Alí –Angst essen Seele auf, 1973) y El viaje al cielo de mamá Kuster (Mutter Küsters fahrt zum Himmel, 1975).

En el equipo artístico, era casi imprescindible que figurara el nombre de Lilo Pempeit (o bien, Liselotte Eder), madre de Fassbinder, convirtiéndose en  una pieza clave durante toda su carrera cinematográfica. Es así como la vemos por más de una década interpretando a personajes secundarios para su hijo. En Berlin Alexanderplatz interpreta a la mujer de Pums, un personaje que pasa casi desapercibido, y sin mayor relevancia en la historia de Biberkopf. 

Muchos de los que trabajaron con Fassbinder en el Action-Theater y luego en el antiteater, lograron aguantar su ritmo vertiginoso. De ese equipo sobresale Peer Raben, quien se especializó en componer la música para la mayoría de sus películas, desde El amor es más frío que la muerte (Liebe ist kälter als der Tod – 1969). Raben fue el más asiduo colaborador en la vasta filmografía de Fassbinder, acompañándolo hasta su último largometraje. En Berlin Alexanderplatz, Peer Raben,  no sólo realiza una significativa elección de temas musicales históricos en la Alemania de los años veinte, sino que también  crea melodías que generan una atmósfera emotivo-musical, con la que enfatiza y subraya los momentos más duros y representativos del personaje.

De la misma manera, Kurt Raab será recordado tanto por su arduo trabajo como director de arte, desde Dioses de la peste (Götter der Pest, 1969), así como por encabezar la lista de actores (amigos) que habían comenzado con Fassbinder en el Action-Theater, para luego hacer parte del grupo privilegiado que se configuró en la producción de los largometrajes. En  la serie, Kurt Raab repite la dirección de arte, logrando reconstruir con total verosimilitud la Berlín de los años veinte; labor que no hubiera sido posible sin el trabajo del equipo de ambientación que trabajó en una dura investigación sobre los aspectos históricos de la ciudad, a través de los archivos de Siemens en Munich.

Al selecto grupo de colaboradores de Fassbinder, llega en 1979 Xaver Schwarzenberger, quien reemplazó a Michael Ballhaus en la dirección de fotografía, luego de que éste decidiera apartarse de Fassbinder, tras haber soportado por mucho tiempo el mal carácter del director alemán. Desde el momento en que Ballhaus se niega a trabajar en Berlin Alexanderplatz, Schwarzenberger termina ocupando su rol de director de fotografía, hasta el último largometraje de Fassbinder, Querelle (1982).

Mucho menos conocido que los otros como parte del grupo de colaboradores de Fassbinder, es notable que Schwarzenberger haya dado la medida para el exigente cineasta alemán, más que haber “sustituido” a Ballhaus.

Berlin Alexanderplatz es un momento de gran significación para Fassbinder y su medio de trabajo. No es menos significativo  que de la novela de Döblin, Fassbinder tomara como seudónimo para muchas de sus películas -en el rol de montajista-, el nombre de Franz Walsch, y además, que decida darle el mismo nombre a varios de sus personajes, haciéndolo más evidente en  La ley del más fuerte (1974) llamando al personaje principal Franz Biberkopf

Ronald Hayman, en el estudio que le hace a la obra del director alemán,  resume la manera en que la vida de Fassbinder cambia, precisamente, cuando le llega por primera vez la novela de Doblin, siendo éste apenas un adolescente. Luego (…) “veinte  años más tarde, recordando la experiencia, afirmaba que si hubiera dejado el libro de lado su vida habría sido diferente en varios aspectos que probablemente resultan decisivos para lo que actualmente es, porque llevo a Berlin Alexanderplatz en mi mente, en mi carne, en todo mi cuerpo y alma””(…) (Hayman, 1984. Pag 165).

Fuentes

  • Ronald Hayman. Fassbinder. Barcelona:  Ultramar Editores, 1984. 
  • Documental  No sólo quiero que me amen. Dir: Hans Günter Pflaum
  • Documental sobre Berlin Alexanderplatz
  • Observaciones en el plató. Dir: Hans Dieter Hartl
  • Una gran película y historia. Dir: Juliane Lorenz
  • Apuntes sobre la restauración. Dir: Juliane Lorenz
  • Ejemplos de la restauración. Dir: Juliane Lorenz

Cibergrafía

http://www.fassbinderfoundation.de