Amrec

La imagen como crítica a una realidad inadvertida

Apuntes sobre la obra de Alfredo Jaar

La fotografía reproduce la mirada que lanzamos al mundo.

Hans Belting, Antropología de la imagen

En ese ir y venir en el que se marca parte de nuestra cotidianidad, podemos blindarnos, abstraernos, o en cambio hacerle frente a lo que parece velado en nuestro entorno.  Con respecto a la fotografía, reivindicamos la afirmación de Susan Sontag en su libro On Photography (Sobre la fotografía), cuando señala: “Las fotografías son un modo de apresar una realidad recalcitrante”.

La realidad parece desbordarnos, y las imágenes que diariamente vemos sobre  lo que pasa en nuestro país, o en el mundo, se van transfigurando, como si la abundancia de información visual transfiriera a su vez un velo a lo que vemos. Sin embargo, no son pocos los que desde las artes plásticas han “apresado” la realidad, y le han quitado a las imágenes ese velo con el que pasan inadvertidas.

Inspiraciones mundanas

La obra de Alfredo Jaar nos enfrenta a esa realidad recalcitrante, a esa realidad velada por los medios de comunicación, los cuales en su afán de reproducción de las imágenes, convierten la tragedia en espectáculo; como lo expresa el propio Jaar:

“(…) en un mundo saturado de imágenes crudas, de dolor, estas han perdido su capacidad de afectarnos, es decir, hemos perdido gran parte de nuestra humanidad”.

La obra de Jaar aborda diferentes problemáticas contemporáneas –inmigración, discriminación racial, exclusión, desigualdad social, explotación de los países desarrollados a los subdesarrollados; temáticas que el artista chileno ha develado a través de la fotografía, instalaciones, intervenciones públicas, video,  cine, entre otros medios.

Jaar se preocupa por problemáticas específicas –políticas y económicas– de los llamados “países tercermundistas”; su obra también se caracteriza porque en ella siempre realiza un arduo trabajo de investigación:

Mi trabajo no es producto de mi imaginación, no soy un artista de taller que crea obras a partir de un papel en blanco, sino que todas mis obras son respuestas a situaciones específicas, a tragedias específicas, lugares específicos”.

En su exploración por Latinoamérica, África, Asia, realizó obras como Rushes (1986) en la cual  expone la problemática situación de los mineros en Brasil;  viajó a China y centró su mirada en los refugiados vietnamitas en Hong Kong, plasmándola en una obra tan particular como Cien veces Nguyen (1994); se sumergió en la problemática de Ruanda con el proyecto que lleva por nombre El proyecto Ruanda (1994 – 1998), en el que trató el genocidio de la población Tutsi por parte de los Hutus en África; solo por citar tres ejemplos de una amplia trayectoria que da cuenta de la diversidad de temáticas abordadas por el artista, hechos reales, abordados como proyectos:

“No sé si será por mi formación, pero yo he sido incapaz de crear una sola obra de arte que no sea en respuesta a un hecho real. No lo sé hacer. No soy artista de taller, soy artista de proyecto”.

Las obras de Jaar dan cuenta del carácter de un artista comprometido social y políticamente con el mundo, nos señala lo que para muchos pasa inadvertido; su trabajo fotográfico es a su vez una crítica a la sociedad. 

Susan Sontag nos habla del “temperamento individual” que se “desnuda” en la fotografía, y esto es precisamente lo que se revela en las fotografías de Jaar:

Las fotografías retratan realidades que ya existían, aunque sólo la cámara puede desnudarlas. Y retratan un temperamento individual que se descubre al abordar la realidad mediante la cámara”. 

Para Jaar “la vida es más importante que el arte”; en esta frase el autor nos muestra su postura y también nos lleva a pensar en la necesidad del artista por llevar la vida al arte: 

“A pesar de que trabajo con diferentes temáticas, formatos y lugares, repito la misma pregunta: ¿qué es la vida humana, qué es ser humano, qué hacer para mejorar este mundo? […] trabajo en el mundo de la representación y cada cosa que representamos es una concepción del mundo que es política. Todo arte es político, es crítico. A mi juicio, cuando no tiene esa dimensión crítica, es decoración, nada más”.

La postura de Jaar frente al arte nos inserta en otros debates, pero es innegable que el “arte como decoración” pasa al olvido; el arte con sentido crítico y político perdura porque no puede ocultarse, porque nos pone de frente con lo que somos y lo que vivimos -o se ha vivido-.

Bibliografía

  • BELTING, Hans. Antropología de la imagen. Madrid: Katz Editores. 2007.
  • SONTAG, Susan. Sobre la fotografía. Barcelona: EDHASA.  1981.